Hoy en Testigo Directo: En este reportaje especial, exploramos la fascinante y oscura relación entre los capos de la mafia en Colombia y México con su devoción a diversos santos y figuras religiosas. Antes de cometer actos criminales, estos mafiosos buscan la protección divina a través de oraciones y rituales, invocando a santos como San Nazario y San Judas Tadeo, así como figuras como el Santo Niño Huachicolero. Este fenómeno no solo se limita a la fe católica; algunos líderes criminales también recurren a prácticas de brujería y veneración de ídolos como Jesús Malverde y la Santa Muerte.
La periodista Valentina Estupiñán nos lleva a un viaje por este mundo clandestino, donde la religión y el crimen se entrelazan de manera compleja. Desde la construcción de templos financiados por narcotraficantes hasta los rituales realizados en cárceles y cementerios, el reportaje revela cómo la fe se convierte en un escudo y una justificación para aquellos inmersos en el narcotráfico. A través de entrevistas y una investigación profunda, descubrimos cómo la ‘narcolemia’ —la mezcla de narcotráfico y religión— ofrece una forma de poder y protección, pero también plantea preguntas sobre la moralidad y la justicia en contextos de violencia y corrupción.
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