Aspasia - Mala estrella (demo)

Опубликовано: 16 Июль 2026
на канале: Aspasiachile
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Vivimos dentro de un sueño, morimos bajo patas de elefantes...

Por las noches invocamos pesadillas en la almohada
y volando se van, se posan en los cerros y se ponen a graznar
un canto amargo, una burda letanía, una oda al Progreso
al tumulto en el Metro, a la ropa colgando en los departamentos
al olor de la vejez,
de las bolsas de basura percolando podredumbre al pavimento
al aullido de los perros,
a los niños saludando a la bandera en los colegios
al ruido de servicios a la hora del almuerzo
a la congoja de llegar a fin de mes con unos pocos pesos.

Vivimos dentro de un sueño, morimos bajo patas de elefantes.

Ya de chicos nos pidieron alardear frente a los rivales de los viejos,
de mostrar nuestros diplomas, de sentarnos derechos
los codos sobre la mesa,
comerse los hollejos,
jugar y jugar sin cuestionar la autoridad
y comprender que las jinetas se llevan en el pellejo.
Acostarse y escuchar un ebrio balbucear de préstamos y ascensos,
tratando de soñar contando las manchas en el techo,
buscando no gestar en la cama otro mundo maltrecho.
Con el tiempo comprendimos que no envejecemos,
nos disolvemos en las tripas de una bestia purulenta que no vemos,
nos educaron sobre una pila de huesos.

Vivimos dentro de un sueño, morimos bajo patas de elefantes.

El frío junta las soledades, sobre las tumbas fiesta
un complot entre los vasos de cerveza,
un susurro entre las campanadas de la iglesia,
un desfile de esqueletos de etiqueta vemos pasar,
cabizbajos, repletando la vereda,
y la incomodidad en tus ojos se transforma en una puerta a otra era,
otra realidad en que logramos pactar
compromisos y proyectos, casa propia y un buen puesto,
un buen barrio en que criar y echar raíces
sobre el lomo de una bestia purulenta que no vemos.

Vivimos dentro de un sueño, morimos bajo patas de elefantes...

¿Recuerdas? Esa noche llovía a mares y tú temblando en el paradero,
me pediste fuego
y la lumbre reflejada en tus pupilas era un faro en la negra avenida,
donde dos esqueletos polvorientos se conocen y consumen mutuamente
bajo una mala estrella.
Se consumen como todos los versos que quemé,
entendiendo que el lenguaje no construye realidades, más bien
inaprehensibles realidades nos confunden como una caja de espejos.
No somos más que moscas reventándonos contra la ventana
una y otra vez, buscando el aire fresco.
En un parpadeo los años se nos fueron en cenas familiares
y paseos de la mano por el centro,
escupiendo al cielo y recibiendo granizadas de regreso,
pudriéndonos en trabajos de oficina e ignorando las llamadas
del teléfono.
Apatía o falta de compromiso, el temor a concretar lo prometido,
poco importa,
si bajo máscaras y antifaces la vida sigue su curso,
"ya saldremos de esta",
la vida sigue su curso...

Vivimos dentro de un sueño, morimos bajo patas de elefantes.

Y es que al andar es normal tropezar, la vida entera es accidente,
de la cuna al suelo, y cuesta disimular el terror de la cotidianeidad,
la sensación de haber tomado el camino equivocado,
el rostro descolocado,
iluminado por las luces de neón por las noches,
cabeceando en el bus de vuelta del trabajo, de vuelta a tus ojos desbordando decepción, bebiendo los colores y las formas que vomita
el televisor.
Y al tropezar, es normal querer llorar, desde abajo, en el polvo,
todo se ve tan alto e inalcanzable;
y cada vez resulta más difícil mantener la calma en las juntas,
cuando los amigos, en un ebrio balbucear, te hablan sobre maternidad,
con certeza y claridad, asegurando que la vida mejorará,
y tus ojos fijos en la puerta, como queriendo escapar,
o esperando que por ella entre alguien que te pueda rescatar…

Vivimos dentro de un sueño...

Y al son de una cumbia vieja, puedo verte mascullar en medio de la fiesta, bajo una ventana negra,
un cigarro en la mano, escondida tras petunias y hortensias,
sola,
tamborileando las uñas en la banca, como en trance,
casi como en un ritual,
invocando otra realidad en la que lograste pactar la paz contigo misma, dejar todo esto atrás,
huyendo de la bestia purulenta que te aplasta por las noches
sin dejarte conciliar el sueño, sin dejarte respirar.
Y la brutalidad suele ser sinceridad, y la sinceridad suele ser brutal,
la veo en tus ojos en este momento,
revolviendo un vino triste y exhalando agotamiento.
Y la sinceridad suele ser crueldad, y la crueldad es lo que a diario nos hacemos.

Vivimos dentro de un sueño, morimos bajo patas de elefantes.
La brutalidad suele ser sinceridad, y la sinceridad suele ser brutal, y la brutalidad suele ser crueldad, y la crueldad es lo que a diario nos hacemos compartiendo el mismo techo.

Se abre la puerta y allí no hay nadie, solo el viento.
Allí no hay nadie, solo el viento.