Antes de los sensores electrónicos y los sistemas digitales de adquisición de datos, los ingenieros ya contaban con métodos ingeniosos para evaluar el comportamiento de los pilotes durante su hincado.
En este procedimiento se registra el rechazo del pilote, es decir, cuánto penetra en el terreno después de recibir una determinada cantidad de golpes del martillo. Para hacerlo, un mecanismo puede transmitir el pequeño desplazamiento del pilote a un lápiz, que traza una línea sobre papel milimetrado.
A medida que aumenta la resistencia que ofrece el terreno, la penetración producida por cada golpe disminuye. El registro permite visualizar estos cambios y obtener información sobre el comportamiento del pilote durante la hinca.
Aunque hoy existen sensores electrónicos capaces de medir estos parámetros con mucha mayor precisión y almacenar los datos digitalmente, los principios fundamentales siguen siendo los mismos: aplicar una fuerza, observar el desplazamiento y analizar la respuesta del terreno.
Es un excelente ejemplo de cómo la ingeniería puede transformar un movimiento extremadamente pequeño en información útil utilizando mecanismos sorprendentemente simples.