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La Batalla del Golfo de San Vicente, enmarcada en la "Guerra anglo-española" de 1796, fue una desastrosa derrota para España, derrota que fue seguida por varios consejos de guerra por las enormes y vergonzosas negligencias en el mando. Aún con esta derrota, la batalla fue testigo de uno de los mayores actos de valentía que un militar español ha cometido: la defensa del barco español "San Nicolás de Bari" por el granadero Martín Álvarez.
Martín Álvarez nació en Montemolín, provincia de Badajoz en el año 1766 e ingresó en el Noveno Batallón de Infantería de Marina en 1790. Poco tiempo después del inicio de la Guerra anglo-española formó parte de la dotación del navío San Nicolás de Bari.
Así, el 14 de febrero de 1797, bajo las órdenes del brigadier Don Tomás Geraldino, hace frente a la escuadra inglesa de los almirantes Nelson y Jerwis.
Iniciada la lucha, Martín Álvarez, ocupando puesto en toldilla como escolta de la Bandera, combatió contra el navío inglés "Captain", navío en el que el propio almirante Nelson tenía su insignia.
Sufriendo enormes daños, el navío acabó siendo abordado por los ingleses, a lo que Martín Álvarez, en su firme defensa de la Bandera Española arremetió ferozmente contra todo inglés que se acercara, llegando incluso a cargar contra un sargento enemigo con tanta fuerza que lo atravesó con su sable de lado a lado, dejándolo ensartado contra el mamparo y sin poder recuperar el sable, evitando así que este lograra arriar la bandera.
Con una herida de bala en la cabeza y acosado por los enemigos salta al alcázar del buque, socorriendo a su Comandante malherido, que le dice: “granadero, di a tus compañeros que ninguno se rinda, sino después de muerto”.
Y así lo hizo Martín Álvarez, combatiendo al lado de su ya muerto comandante durante una hora más. Solo cuando no quedaba en pie un solo defensor, ya fuera muerto o muy malherido, pudo el inglés arriar el pabellón del San Nicolás de Bari.
Los propios ingleses fueron los primeros en asombrarse de su valor, rindiendo justo homenaje al granadero por su heroísmo, formando a su tripulación y dando en su honor tres ¡Hurra!. Tras esto, le respetan la vida y lo dejan en un pueblo portugués para sanar sus heridas.
Fue ascendido a cabo y recibió una pensión vitalicia, muriendo cuatro años después de la batalla, en 1801.
Por Real Orden de 12 de diciembre de 1848 se dispuso “que haya perpetuamente en la Armada un buque del porte diez cañones abajo, que lleve el nombre del heroico granadero”, disposición que dejó de cumplirse en 1995 tras la baja del último buque, el L-12 “Martín Álvarez”.
-Gracias "Rick Gamer" / @rickgamer123 por tu vídeo!