Las protestas contra Japón se extienden por toda China por la disputa entre los dos países por la soberanía de unas islas deshabitadas que Japón llama Senkaku y que China reclama como Diaoyu y que guardan una gran reserva de gas. Vigilados por la policía, pero autorizados por el gobierno, miles de chinos se manifiestan en varias ciudades del país.