El cerro del Cubilete es una montaña en el municipio de Silao, en el estado de Guanajuato. En su cima se encuentra el monumental Cristo de la Montaña, construido en los años de 1940, pero un monumento anterior data de la década de 1920. En 1928 el monumento fue bombardeado y dinamitado por órdenes de Plutarco Elías Calles.
El cerro del Cubilete perteneció a la hacienda de Chichimequillas, propiedad del abogado y diputado constituyente José Natividad Macías Castorena, el cual donó los terrenos en los cuales se asienta el monumento actual. Natividad Macías, que ocupó varios puestos en el gabinete de Venustiano Carranza, durante la revolución, fue perseguido por la facción obregonista que lo obligó al destierro.
En Silao, era conocida su relación con el obispo Valverde y Téllez, impulsor del proyecto de construcción del monumento, y seguramente peticionario de la donación. Esta se logró, gracias a la lejanía del constituyente moderado, del radicalismo religioso y gubernamental, imperantes en ese momento histórico. El predio donde se construyó finalmente el gran monumento, perteneció a Doña Carmen Macías Torres, nieta de Natividad Macías, quién realizó finalmente la donación de los terrenos hasta mediados de los años noventa del siglo XX, cuando finalmente las iglesias estuvieron en condiciones de poseer bienes.
Poco después de que el obispo Valverde y Téllez celebró una misa en el cerro, el sacerdote Eleuterio de María Santísima Ferrer promovió colocar una placa conmemorativa, la idea se consolidó para añadir también una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. El proyecto fue aceptado por el obispo, quien asistió al lugar el 12 de marzo de 1920 para colocar la primera piedra y el 11 de abril para celebrar la primera deficación. En octubre, durante las celebraciones del 25° aniversario de la coronación de la virgen de Guadalupe, el episcopado de México decidió hacer aún más monumental la obra, los trabajos correspondientes se iniciaron el 11 de febrero de 1923. En esta ocasión, la colocación de la primera piedra la hizo el nuncio apostólico, monseñor Ernesto E. Filippi, lo cual le valió la expulsión del país. Los trabajos fueron suspendidos debido a las políticas implementadas por el gobierno de Plutarco Elías Calles que consideraron la construcción como un desafío a su autoridad. El 30 de enero de 1928 el lugar fue dinamitado.