Miles de peces, entre ellos anguilas, lubinas, doradas, además de crustáceos, aparecieron este fin de semana muertos en las zonas costeras del Mar Menor, en Murcia, sobre todo en la llamada playa de Villananitos (en San Pedro del Pinatar). ¿Qué está pasando para que esto esté ocurriendo en este entorno ecológico pegado al Mediterráneo?
Las escenas dantecas, donde se veían a los peces boquear en busca de oxígeno han recorrido las redes sociales este fin de semana, desde que comenzaran a difundirse el pasado 12 de octubre. Los expertos lo tienen claro, los animales muertos habían sufrido las consecuencia de la anoxia; esto es, el agua se había quedado sin oxígeno. Lo que parece que no está tan claro es la causa.
Las autoridades políticas echan la culpa a las lluvias torrenciales. Sin embargo, científicos y ecologistas aseguran que la muerte de los peces es el efecto de años de delitos ambientales permitidos.
Sin embargo, para la mayoría de científicos y también para los grupos ecologistas, las fuertes lluvias solo fueron la gota que colmó el vaso sobre un territorio protegido que lleva décadas siendo foco de continuos desmanes medioambientales: vertidos inadecuados, explotación urbanística sin control, y aumento de la agricultura de regadío que filtra buena parte de los pesticidas que utiliza sobre las aguas de esta albufera tan peculiar. Ante la gravedad de la muerte de todos estos animales, la Fiscalía ha decidido abrir su propia investigación para aclarar los hechos.
«Esta es la peor situación del Mar Menor en toda su historia», explicaba Javier Gilabert, representante del Comité Científico del Mar Menor a medios locales. “La culpa no la tiene la DANA. Es cierto que, en esta ocasión, ha desencadenado la mortandad, pero el problema comenzó en los años sesenta y setenta con el desarrollo del turismo y la agricultura», apuntaba por su parte Juan Manuel Ruiz, científico titular del Instituto Español de Oceanografía (IEO).
El Mar Menor es la mayor albufera de agua salada que hay en España. Casi 140 kilómetros cuadrados de los que solo separa del Mediterráneo un pequeño puente de tierra.
Con este paraje tan singular ha proliferado una riqueza de ecosistemas y de fauna que también es especial, donde se encuentran desde tortugas a caballitos de mar. Tanto, que el espacio cuenta con todo tipo de nivel de protecciones medioambientales, desde el nivel estatal hasta estar incluido en el Convenio de Ramsar, que protege los humedales y lagunas más importantes del mundo.
Sin embargo esto no ha evitado que sea foco de todo tipo de atropellos que van desde la explotación urbanística masiva a que sea un vertedero de todo tipo de residuos y aguas contaminadas por los pesticidas, todo ello con una clara falta de control por parte de las autoridades. Vamos a intentar desgranar qué ha pasado en las últimas décadas de forma compacta:
Agricultura de regadío en una tierra con poca agua: La zona del campo de Cartagena, que rodea el Mar Menor, había sido siempre una zona de agricultura mediante bancales. Sin embargo, desde los años 90 se hace una inversión para comenzar a plantar en regadío, necesitando mucha más agua.
¿Se necesista agua? Pongamos desaladoras sin control: Pero esta época de inversión en el sector agrario no empieza demasiado bien, ya que la década empieza con fuertes sequías. Pese a las dificultades para desalar el agua, al final el Gobierno regional decide ceder y dar permiso para que se instalen pequeñas plantas desaladoras y tomar este agua del mar. El problema es que desalar el agua del mar produce salmuera, un líquido que no debería echarse de vuelta a ríos o mares porque puede desestabilizar sus niveles de oxígeno, pero las autoridades hacen la vista gorda. Se calcula que desde entonces se han vertido unas cantidades de salmuera correspondientes a más de 1.400 piscinas olímpicas en el Mar Menor.
La sopa verde, primer aviso: El primer aviso de esta irresponsabilidad medioambiental fue la llamada sopa verde: los nitratos de los fertilizantes del campo y la salmuere hicieron que crecieran sin parar las algas, en un proceso que se conoce como eutrofización. Las algas se quedan en la superficie, tapando la luz, y acabando con el lecho marino. 300.000 toneladas de nitratos se estima que hay acumuladas en el acuífero del Campo de Cartagena según el Análisis de soluciones para el objetivo de vertido cero del Ministerio de Medio Ambiente de 2018.
Mucho interés económico en juego: Todo este cocktail está lógicamente alumbrado por el dinero. El sector hortícola de las huertas de la zona aportan una parte importante del PIB de la Región de Murcia, donde cada año se exportan más de 2.500 millones de euros en hortalizas y frutas. Además, el paraje idílico también ha hecho que se construyeran un gran número de urbanizaciones que han contribuido a desequilibrar una zona ecológicamente muy vulnerable.
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