El viento sube, pero no lo toca.
Las voces llaman, pero no responden.
Los de arriba ríen en su altura,
ajenos a la escarcha abajo.
Pero él no olvida, no perdona.
Su aliento es niebla, su ira es grieta.
Que sus pasos resuenen en piedra,
que su sombra los haga temblar.