Toda la "industria" de la "propaganda del Kremlin", con miles y miles de ciudadanos rusos trabajando 24 horas al día en la "desinformación", persigue el objetivo de atacar al jefe de la diplomacia europea. Lo dijo el propio Josep Borrell esta semana en un acto donde presentó un extenso informe sobre la "manipulación" e "injerencias" de Moscú.
"Mi persona es uno de los blancos favoritos de su desinformación", afirmó Borrell, 'diplomático' que no deja de exigir más y más armas para Ucrania, al tiempo que no deja de llamar a derrotar a Rusia en el campo de batalla. En sus palabras, el Kremlin "está usando la información, la manipulación y las injerencias como un arma crucial", un "arma" que "hiere y mata".
En otras palabras, los medios rusos son enemigos a batir, según la lógica de un Borrell que no se da cuenta de que el verdadero enemigo está mucho más cerca de lo que piensa. Está en su boca. Es su lengua. Sin pelos. Una lengua que dijo que amordazar las voces incómodas es "proteger la liberad de expresión". Lo dijo al defender la censura en la 'libre y democrática' Europa de los medios internacionales rusos Sputnik y RT, entre otros.
"Cuando lo hacemos, no atacamos la libertad de expresión, sino que simplemente protegemos la libertad de expresión", afirmó.
Al señor Borrell se le olvidó añadir que "la guerra es la paz", "la libertad es la esclavitud" y "la ignorancia es la fuerza", tal y como se lee en la profética novela 1984 de George Orwell.