Llegamos cansados a la final: los jugadores, que llevaban un mes compitiendo cada cuatro días y terminaron enfriándose en el camerino a la espera del pitazo inicial; y nosotros, los hinchas, que hicimos una previa larguísima, ansiosos y rebosantes de optimismo, viviendo un carnaval que nunca llegó. Pasadas las once de la noche, el domingo se hizo yunque y la resaca sin fiesta se materializó.
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