Juan Carlos (25) enfrenta una noche lluviosa en la soledad de su casa, inmerso en una profunda depresión. Con una cerveza en mano y la melancolía a flor de piel, se abre emocionalmente ante su única compañía, quien no lo juzga ni lo abandona, su planta favorita, un helecho a quién él llama Soledad. A través de una conversación cargada de tristeza y frustración, revela sus deseos de dejar de vivir.