Regalaba fastuosas mansiones a sus enamoradas y evaporaba su incalculable fortuna cerrando cabarets enteros para sus supuestos amigos, hasta dejar sus bóvedas en ceros.
Agustín Lara amasó un imperio financiero abrumador gracias al monopolio absoluto de sus legendarias composiciones, convirtiéndose en el compositor más rico de su época. Sin embargo, su total desprecio por las inversiones y su obsesión por derrochar su liquidez en lujos europeos, flotillas de autos y aduladores lo dejaron completamente expuesto. Al final de su trayectoria, su nula planeación lo obligó a malbaratar su valiosa propiedad intelectual por simples fajos de billetes, dejando a sus herederos en una feroz disputa por las sobras de un genio que no conservó ni un solo centímetro de tierra a su nombre.
¿Por qué prefirió regalar sus fastuosas mansiones antes que asegurar el futuro económico de su propio linaje?
¿Cuál fue el terrible error de ego que lo llevó a rematar los millonarios derechos de sus canciones más famosas?
¿Qué pasó con el enorme séquito de aduladores que vaciaba sus botellas de lujo cuando la incalculable fortuna se agotó?
Las dinastías millonarias de la época de oro del cine mexicano siempre ocultan oscuros manejos de dinero en su círculo más íntimo. Al igual que el inmenso desfalco de joyas y fastuosas propiedades que rodeó a María Félix, o la encarnizada disputa por la incalculable herencia de Cantinflas (Mario Moreno), la ruina financiera de los grandes ídolos demuestra que la fama y la soberbia no protegen contra las peores decisiones financieras. Descubre la verdad sobre el derroche absoluto y los escándalos de herencias mejor guardados de las leyendas del espectáculo.
El Derroche que VACIÓ a AGUSTÍN LARA: De Magnate a la Ruina