Esta es probablemente la escena más emotiva de todos los Final Fantasy existentes. Yuna llora desconsolada planteándose abandonar su camino de invocadora, pero Tidus aparece para transmitirle un poco de fortaleza y, ya de paso, dejar claros sus sentimientos hacia ella. El acompañamiento del tema "Suteki da ne" es sin duda la guinda del pastel.