Levanté el rostro y quedé aterrorizada. ¿Es tal el peso de la tradición?, o ¿tan grande el peso de nuestra existencia. Creo que soy muy joven para saberlo, para pensar en eso. A diario me pongo a pensar, supongo que nadie se imagina que en este pequeño ser surgen estos cuestionamientos. Y sin embargo, por más que intento ignorarlo, no lo logro. Por un momento me tapé los ojos, pero tuve que volver a lanzar un vistazo.
Esta vez no pude evitarlo, el asombro me sobrecogió e invadió a mi persona. Mis ojos crearon un marco terrorífico, mientras mi mandíbula caía entorpecida en la tela que me cubre. ¿Qué veía?, es fácil de describir pero difícil de asimilar. Es un cuadro, una escena, una situación. Todos estamos en ella, no nos damos cuenta, vivimos para honrarla, y ella para destrozarnos. ¡Qué brutal es la fuerza de la tradición!