Mongolia
La gloria de Gengis Kan resuena todavía en este país de grandes espacios abiertos, poco asfalto y una cultura nómada que se mantiene tan viva como en la época del legendario conquistador. Mongolia es, en su mayor parte, estepa y desierto –y 5000 lagos, uno de sus tesoros menos conocidos–, un territorio que parece haber sido creado para la vida nómada. Tal vez sea el carácter viajero de este pueblo lo que hace que cualquier ruta por el país depare siempre encuentros agradables y distendidos.
ADN Nómada
Los mongoles son personas de medidas compactas, pequeñas pero robustas y amables. Llevan siendo nómadas desde tiempos inmemoriales. Su cultura es una historia de supervivencia en un medio hostil, compuesto por inmensas llanuras, desiertos, montañas de más de 4000 m de altura y ríos caudalosos que se esconden bajo tierra y reaparecen según la estación del año. Por su forma de vida en constante movimiento, buscando los pastos más favorables, siempre están dispuestos a ayudar al visitante y a ofrecerle su generosa hospitalidad.
Mejor en primavera y verano
La primavera y el comienzo del verano constituyen el mejor momento para visitar este país sin mar, anclado entre Asia Central y Oriental, que limita con Rusia por el norte y con China por el sur. En Mongolia los inviernos son duros y heladores, mientras que la época de lluvia anega cauces y empantana tierras. Este clima extremo y la escasez de asentamientos humanos han curtido a sus habitantes.