De vez en cuando la naturaleza nos recuerda que existe. Vamos por la vida acelerados, con nuestras cuitas acaparando los sentidos, alejados de la conciencia de nuestra fragilidad. Pero de golpe, como si fuera una intrusa, la naturaleza quiebra las tierras y entonces impone su ley y su tiempo. Cuando ello ocurre, la Tierra deja de ser ese escenario tranquilo para mostrar su indomable fuerza.