La península santa de Monte Athos se interna 50 kilómetros en el mar Egeo como un apéndice empeñado en desligarse del cuerpo laico de la Grecia nororiental. Durante el último milenio ha estado habitada por una comunidad de monjes ortodoxos, resueltos a vivir alejados de todo cuanto no sea Dios.
Su único propósito en la vida es la comunión con Jesucristo. Su hogar es la quintaesencia del aislamiento, una tierra batida por las olas, con frondosos bosques de castaños y el espectro de los más de 2.000 metros de altura del monte Athos, veteado de nieve.