Nelson Carlo es un cineasta joven muy consciente, según su filme, de la gran riqueza del cine como arte. En este filme asume el 50% el sonido como un componente primordial de la narración. El 50% que corresponde a la imagen tampoco lo descuida y lo llena con buenos elementos, abandonando la narración tradicional, clásica, para centrarse en una narración arriesgada y muy elaborada.
El argumento tampoco se aborda de manera tradicional. Se asume que el espectador es un ente activo y por ello, los múltiples frentes de acción los va a completar: los ritos asociados a lo afro, la religión cristiana en varias facetas, el uso de la música en los diversos ritos, la presencia de la corrupción en la justicia... entre otros aspectos enriquecen el guion.