Está visto que no aprendemos, después de quedar como auténticos camorristas con el paellicidio cometido por Jaime Oliver primero y al actor Rob Schneider después, volvemos a sorprender al mundo con nuestra actitud por una tortilla de patatas un tanto surrealista.
No hace falta profundizar demasiado en lo que ha ocurrido, siempre es más o menos lo mismo. Un extranjero, muy posiblemente bienintencionado, interpreta una receta de marcada identidad española tomándose algunas licencias creativas, ninguna más que las que nos podemos tomar nosotros cuando decimos que hacemos un plato asiático por el mero hecho de ponerle salsa de soja, pero ya es suficiente para que se líe una buena.
Pero esas libertades se convierten en una injuria cuando un español las ve. Se siente insultado, ultrajado y ofendido. Un misterioso mecanismo se activa para defender una entelequia que de pronto representa nuestro honor como país. Ya lo dije en su momento, tenemos muy malos modos y no somos capaces de adoptar una postura didáctica desde la que explicar al mundo cómo es nuestra cocina para que les apetezca cocinarla sin tener miedo a sufrir acoso social.
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Paprika Vs. Pimentón
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