Efímero decir
Todo despojo tiene derecho
a que su hueso aporreado
siga siendo aporreado
aún después de muerto.
A ensuciar los caminos,
a que el otro tropiece
con lo que quedó de lo que fue,
cuando menos, un tiempo.
A que le abandone el yo
y se convierta en otro:
sin carne, sin plumas,
sin nombre, sin tiempo.
Cuando mucho quedará el olvido,
un cadáver envuelto en tinta
sobre la repisa polvosa
o el electrónico titiritero
que se divierte haciendo bailar
un sonoro bufón.
Raúl Gibrán
Pto. Vallarta, Jalisco, México.