David aún no era rey de Israel, pero ya había sido predestinado por Dios para serlo. Saúl seguía siendo el rey y David respetaba al soberano que había sido ungido en su momento por el profeta Samuel.
David tuvo que habitar en un punto intermedio entre su estado inicial y la promesa que Dios le había dado, y ese lugar era la ciudad de Siclag.
Así estamos muchos de nosotros, varados en un punto intermedio entre lo que éramos antes y el lugar al que Dios nos quiere llevar, estamos estacionados en "Siclag".
Tenemos que tener la paciencia necesaria, la confianza en Dios de que es un estado temporal de nuestra existencia, no será eterna la prueba, la promesa ya fue dada y sólo nos queda esperar pacientemente a Jehová.
Bendiciones.